One, una frase hecha. Se nos pasó el cuarto de hora. Todo podría terminar ahí pero no es el caso. Hacía calor, no era el calor de diciembre en el hemisferio sur, mas bien era un calor de febrero, y de repente se hizo julio. El mundo desaceleró su marcha y todo se movió mas lento, mas suave, smoothly.
Zero. Ni Fahrenheit, ni Celcius. Kelvin, cero absoluto. Pasamos el invierno en un juego de zinchada, buscándonos y rechazándonos, haciendo de cuenta que hacemos de cuenta y en las antípodas de mi existencia descubrí que las cartas estaban marcadas. No tuve demasiadas opciones, como víctima de un secuestro invisible me dediqué a soñar con árboles en otoño y profundos océanos azules. Y me perdí. Lost.
Eight months. La comprensión de la relatividad es tan relativa como ella misma. No alcanza para crear una vida pero sobra para exterminar la humanidad. Para un niño puede representar la existencia en si y así fue, un niño y una existencia que se aceleró hasta la velocidad de tus parpadeos. Fue todo tan rápido que aún recuerdo el vértigo, eran hormigas en el estomago, como una montaña rusa a punto de caer a la nada pero sin gritos, sin sobresaltos, solo paz. La más hermosa Paloma que vieron mis ojos trayendo paz a todo mi ser. Hormigas y paz.
Six a.m. ¿Te estás despidiendo? Esa pregunta perforó mis tímpanos. Todavía la escucho si decido dejar entrar el silencio. Debí recordar que las explicaciones no explican nada, pero ese brebaje asesino me dejó herido de muerte al filo de mis sentimientos y lloré mi verdad como un chico que pierde algo. Ya no es una cuestión evolutiva, ni siquiera un juego de placer. El tiempo nos desvió del propósito principal y nos acercó demasiado, lo suficiente para ver la fragilidad de los seres. Las grietas del alma. Collateral risk.
Y me fui. Tan seguro de haberte perdido como de haberte encontrado, y es este sentimiento tan dicotómico el que me trajo hoy hasta acá.
Y llegué. Cargaba un dolor en la espalda que días mas tarde comprendería. En este juego del gato y el ratón alguno siempre se come al otro y en la satisfacción de esa ingesta se esconde el dolor del hambriento. Y ese dolor ya no es comerciable. Ya no.