¿Como se extirpa la sensación de muerte virtual? Como ensayando la infelicidad vago por un mundo cada vez mas gris, escalado, buscando un solo color, uno que me recuerde algo verdadero, algo real. Y cada vez que vibrás o venís a flotar o bien cuando recuperamos el ancho, largo y profundidad, todo se transforma en colores, treinta y dos bits de color, color verdadero. Pero la caída es fatal, como esa sensación de caer al entrar en el estado de sueño pero no me despierto, ya estoy despierto y me duele, un dolor que inflama el diafragma, me deja sin aire, me obliga a sentarme y así de la nada todo el mundo exterior se hace difuso, ya no recuerdo por que estoy acá y las voces dentro de mi mente se cruzan, se tapan entre ellas, me preguntan, me ordenan y me desordenan, y los músculos se endurecen hasta sentir dolor en todo el cuerpo y de la nada aparece esa horrible pregunta. ¿Por qué?
Toda la perspectiva se pierde en conciliar la mas simple de las preguntas en el momento mas complejo, y luchando por dejarlo pasar, por olvidar las existencias va llegando la tormenta, me lleno de agua, me hundo creyendo que solo por hundirme va a venir Aquaman a salvarme. ¿Y sabés qué…? No existe Aquaman ni nadie que quiera dejar su comodidad para hundirse a salvarme, solo y descendiendo en mis aguas alcanzo a ver a quién fue enviado a cubrir la noticia, como un testigo indiferente, con botas de lluvia y paragüa con sponsor, que solo piensa en estar seco junto a sus seres queridos. Ya no me queda aire a esta profundidad y lo que comenzó como un sueño dulce de esperas se transforma en desesperación por recuperar el aliento, secarme el rostro y volver a ver con claridad. Pero el universo se rige por la ley de la ironía, la desesperación de hundirme solo logra hundirme mas y aquellos tenues rayos de luna se van cerrando sobre el agua que me traga y me invita a dormirme en algún lecho eterno. ¿Y sabés qué…? Hay tanta paz acá abajo que me empiezo a sentir bien, solo tengo que tomar esa última desición y respirar profundo, permitirle al agua entrar en mi cuerpo, dejar de pelear contra lo imposible. Soñando que tengo branquias porque mamá era sirena, dejo de resistirme y respiro como cuando llegué a este mundo.
Sueños, no quiero vivir sin ellos. Prefiero la muerte junto a mis sueños, guardados en la bolsa que tejí para ellos con tanta paciencia, creyendo que uno a uno iba a ir cumpliéndolos. ¿Y sabés qué…? Aún habiéndolos soñado con tanta dedicación creo que ya no quiero sacarlos de su bolsa, quizá me parezcan fríos, quizá me averguenzen o quizá solo quiero guardarlos para intentar retener algo, para evitar que me saquen hasta mis sueños. Ahí se quedan entonces, sanos y salvos en su bolsa de hilo blanco mientras yo descubro que el agua no me tapa, solo me nubla la vista y una suave brisa nocturna me seca las nubes y continúo esperando.
(Manotazos de ahogado. Esta frase solo pudo ser creada por quien vió a alguien ahogarse. Y la pregunta que me hago es correcta, lo incorrecto desde mi perspectiva es la respuesta; Sí.)