Esa mañana me desperté de golpe, no hubo un motivo especial, solo de golpe. Y cuando aún sentía los últimos latidos del sueño fue que sonó, con ese ruido tan característico de la modernidad, el teléfono.
- ¿¡Hola!? ¿¿Norma??, se escucha con voz femenina de anciana del otro lado del cobre que envuelve al mundo-.
- No, equivocado -digo-.
Alguien que no tiene buena vista (social club), pensé. Y mi vida continuo con ese letargo característico de los primeros minutos del día.
De repente. Bru-bru-bru-bru (Teléfono sonando) y ya eso me pareció bastante increíble, es decir, tengo el record nacional de menos llamadas a mi teléfono fijo, a veces, los técnicos de telecom colgados del poste, se apiadan de mi y me llaman preguntando por un remis o por cualquier otra excusa. Pero esta vez no era un técnico.
- ¿¡Hola!? ¿¿Norma??
- No señora, se volvió a equivocar, digamé con que núm…
Y me corto! Además de mala vista mala educación, pensé, y continué iniciando mi sistema, a esta altura ya estaba cargando los controladores (desayunando para los no freaks como yo) y de repente, por tercera vez, bru-bru-bru-bru y así fue que la tostada se quedó a medio camino entre la boca y el estomago, como un casi pecador que queda varado en el purgatorio o bien un Nasseri Karimi Nasseri en el aeropuerto internacional Charles de Gaulle de París. Ahí vamos pensé.
- Hola -dije- ya casi jugándome un pleno a la ruleta que era la de Norma.
- ¿¡Hola!? ¿¿Norma??
Y me calenté, hasta ahí estaba todo bien, recordaba mi buena educación y todos los modales aprendidos de niño. Pero ya me estaba irritando.
- ¿Señora?, usted no se da cuenta que soy un hombre, tengo la voz mas ronca que el Coco Basile señora, ya le dije que no hay ninguna Norma (¿IRAM?) viviendo acá. Además ya le pregunte con que núm…
Y otra vez me corto. Basta! No podía dejarla pasar por mas anciana que sea (y quizá tenia 40 años y estaba para atrás). La próxima la mando a freír churros.
Y de ahí en adelante mi postura fue la de un arquero a segundos del penal, estaba esperando que suene, miraba el teléfono como cajita de música a los 6 años, trataba de meterme en los cables para llegar a los dedos de aquella señora en algún lugar de habla hispana y obviamente cuando menos lo esperaba sonó de nuevo.
- ACÁ NO HAY NINGUNA NORMA!!!!!!!!!!!!!!!!!!! -ya fuera de mis cabales-
Y corte sin esperar respuesta. Acto seguido procedo a desconectar ese aparato del demonio, me acorde de la madre de A. Grahan Bell y de la hermana de G. Marconi también, por las dudas.
Me dedique a seguir mi vida con toda la normalidad que quedaba y asi fue que transcurrieron dos días en mi vida sin teléfono, simplemente me olvidé de volver a conectarlo.
Como bien sabia un tal Murphy, que se dedico a probar cuanta mala suerte puede tener un ser humano en la vida (y armo unas leyes extrañas), todo aquello que puede salir mal, siempre sale mal. Y asi fue que en esos dos días me llamaron para ese trabajo donde todos sonríen y la paga es extraordinaria, el amor de mi vida quiso declararme su reciprocidad, hasta me salió la beca en el MIT que tanto esperaba, pero claro, estaba desconectado.
El trabajo extraordinario lo tomo mi peor enemigo, quien al otro día consiguió (y quizá gracias al nuevo trabajo) llamar la atención del amor de mi vida con la cual vive ahora en Cambrigde, Massachusetts, mientras desarrolla su actividad becado en el MIT.
Y yo acá escribiendo esta estúpida historia.
Publicado el 13/09/2008 15:04 hs • Categoría/s: Luar • 1 Comentario